Mesu wo Karu Mura
En la aldea existía una superstición: se debía ofrecer la virginidad de las jóvenes que iban a casarse al dios Hodare-sama. Las mujeres, excitadas sin descanso durante horas gracias al poder del “agua sagrada”, quedaban incapaces de volver a la normalidad y jamás podían abandonar la aldea.

